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El Barro de la Tierra

Exposición individual

Museo Casa Natal del General Santander, Norte de Santander, Colombia 2019

 

Crónica de un proceso complejo:

El Barro de la Tierra. Camilo Barboza-Soto.

“Venimos desde las vastas soledades a pedirle a la muerte que se vaya

la autoridad nos ha sido dada somos un ejército de calaveras rotas”.

EL canto de los Muertos, 1999. Tirso Vélez (Agua Clara 1954 – Cúcuta 2003)

 

El proyecto El barro de la tierra inició como una propuesta para la convocatoria Cajas Resonantes, abierta por el Museo Casa Natal del General Santander en el 2018. La intención de la convocatoria fue ofrecer bolsas de trabajo a artistas contemporáneos para insertar obras dentro de la exposición permanente del Museo, dedicada principalmente a la historia del siglo XIX y las guerras de independencia. Camilo Barboza-Soto presentó un proyecto que aspiraba a desarrollar un colaborativo con refugiados venezolanos en Colombia, pero la complejidad de las dinámicas locales en la frontera colombo-venezolana amplió el universo de trabajo, permeó el proceso complejizando la obra.

Lo que debía ser un taller se transformó en dos encuentros altamente emocionales que significaron para el artista salir de los límites de su subjetividad como refugiado. Encontrarse con víctimas colombianas de desplazamiento forzado, que entraban en contacto con el arte por primera vez, que estaban narrando sus historias por primera vez, que habían perdido sus familias y sus modos de vida sin haber abandonado su país, supuso un ejercicio de reconocimiento de dolores no imaginados. Reunirse con jóvenes venezolanos establecidos en el área metropolitana de Cúcuta, escuchar sus recuerdos, sus nostalgias, sus dificultades de adaptación, significó encontrar un espejo, pero también entender que un lugar puede ser tan diverso e inasible como las memorias que lo evocan. 

 

¿Qué hacer con estos descubrimientos? ¿Continuar con la idea original y exhibir en el Museo los objetos producidos en los talleres o ampliar la experiencia? ¿Resonar con la tierra y las emociones encontradas en ella?

 

Según el artista el proyecto El barro de la tierra busco ser un elemento de resonancia de la dramática realidad que se padece en la frontera colombo- venezolana. En este proyecto, modelar es una estrategia para pensar lo que se siente. La actividad manual suma la racionalidad de diseñar un objeto y la expresión emocional de la necesidad de protección. Y el artista es un catalizador empático.

Modelar arcilla para contar vivencias, para buscar amparo, para entender que moverse del lugar de origen sólo por preservar la vida es una decisión obligatoria pero profundamente traumática. Ser desplazado, ser refugiado, no tener opciones más que la huida, supone una vulnerabilidad profunda. El que huye se salva, pero llega a su destino, incompleto, roto, esperando reconstruirse. Modelar arcilla puede dar pistas sobre los caminos de reconstrucción. Le dio pistas a los participantes de los encuentros. Permitió nombrar a los muertos y a los lugares perdidos. Permitió conectar.

Pero para reconstruirse hay que mirar el miedo a los ojos, es indispensable plantarse frente a la muerte y decirle que se vaya. El arte puede hacer esto desde una imagen. Pasear un cráneo de yeso por calles que se han manchado de sangre. Caminar arrastrando la representación de un resto humano entre los pies de una masa indetenible de gente que lucha por sobrevivir. Ser disonante en un entorno convulso. Provocar una expresión de disgusto, un comentario desagradable, una reflexión. Todo esto ocurrió.

El proceso de El barro de la tierra ocupó dos meses de trabajo, supuso la colaboración de instituciones locales, nacionales e internacionales, sumó a víctimas de distintas condiciones, convocó a fotógrafos locales. Finalmente produjo un registro tan complejo como la obra misma. Objetos de barro sin cocer presentados en la sala del Museo, fotografías, videos, residuos materiales de los cráneos arrastrados, memorias de las discusiones en el encuentro con el público. Un cuerpo de restos, evidencias de lo que aconteció. Imágenes que hablan de la inminencia de la muerte, de la precariedad de la existencia humana y de la permanente lucha de los individuos por sobrevivir aunque deban hacer crecer raíces nuevas en nuevas tierras.

 

Desplazarse es abandonar, es aprender a estar, es reconocerse igual como hombre y diferente como recién llegado, es aspirar a volver a pertenecer, es batallar cada día con el miedo. Desplazarse es escoger la vida por encima de todo.

Susana Quintero Borowiak. Cúcuta, 10 de agosto de 2020

Susana Quintero Borowiak Historiadora del Arte egresada de la Universidad de los Andes en Mérida, Venezuela. Cuenta con estudios de Museología Comunitaria en la Universidad del Zulia y de Pensamiento Latinoamericano en la Universidad Católica Cecilio Acosta. Fue curadora del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia y del Museo Norte de Santander. Ha sido becaria del Ministerio de Cultura de Colombia, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Ibermuseos y la Fundación TyPA. Desde el 2017 dirige el Museo Casa Natal del General Santander, uno de los 14 museos del Ministerio de Cultura de Colombia, ubicado a 4 kilómetros de la frontera colombo venezolana.

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