La Piedra como Umbral: Tarxien, 2023 - 2025
Fotografía analógica / Polaroid
En la era de la inmediatez digital y la profanación de lo sagrado por el consumo, el proyecto de Camilo Barboza-Soto sobre el complejo de Ħal Tarxien no se presenta como un registro arqueológico, sino como una intervención ontológica. El artista se aproxima a la zona arqueológica maltesa, un complejo megalítico construido aproximadamente en 2800 a. C. para exhumar una necesidad humana que la modernidad ha intentado sepultar: el sentido del ritual.
Tarxien, originalmente un epicentro de rituales complejos donde la vida y la muerte se entrelazaban a través de sacrificios, procesiones y entierros, sirve a Barboza-Soto como el escenario para cuestionar el vacío ceremonial contemporáneo. Las imágenes no buscan la espectacularidad del monumento, sino la vibración del residuo. Al capturar la textura de la piedra caliza erosionada y los relieves de espirales infinitas, el artista establece una analogía visual entre la porosidad de la piedra y la memoria colectiva.
La intención crítica de Barboza-Soto radica en utilizar la cámara como un instrumento de desaceleración. Frente a una sociedad que ha perdido los anclajes simbólicos que antes proporcionaban el mito y el rito, estas fotografías actúan como nuevos altares. El artista propone que, aunque los sacrificios de sangre han cesado, la necesidad de "marcar el tiempo" y "habitar el espacio" de manera sagrada permanece intacta.
En su encuadre, el artista recupera la procesión como movimiento del espíritu. Sus composiciones guían al ojo a través de pasajes, cámaras y detalles en la piedra, obligando al espectador a realizar un recorrido visual que emula el tránsito de los antiguos iniciados. No son fotos de ruinas; son fotos de la persistencia. Al enfocar los detalles de las "Diosas Madres" o los altares de piedra, Barboza-Soto despoja a estos objetos de su estatus de "pieza de museo" para devolverles su carga de objetos de poder.
La Piedra como Umbral (2023-2025) sugiere que el arte contemporáneo es, quizás, el último refugio del ritual en occidente. La fotografía se convierte en el sacrificio: el artista entrega la imagen para que el espectador recupere la pausa. La obra de Barboza-Soto en Tarxien es un acto de resistencia poética. Nos recuerda que, bajo la superficie de nuestra eficiencia tecnológica, seguimos siendo seres que necesitan de la piedra, la sombra y el símbolo para comprender nuestra finitud. Su lente no solo captura lo que queda del ritual, sino que lo reactiva, invitándonos a reconocer que el verdadero entierro no es el de los huesos en Tarxien, sino el del sentido de lo sagrado en nuestra vida cotidiana.




















